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Una vez diagnosticada, es esencial un monitoreo regular para evaluar la efectividad del tratamiento y ajustar las intervenciones según sea necesario. Los análisis clínicos recurrentes incluyen:
Hemoglobina Glicosilada (A1C): Recomendado cada 3 a 6 meses para asegurar un control adecuado de los niveles de glucosa.
Perfil Lipídico: Analiza los niveles de colesterol y triglicéridos, ya que las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Función Renal: Incluye pruebas como la creatinina sérica y el análisis de microalbuminuria para detectar posibles afectaciones renales.
Examen de la Vista: Para detectar retinopatía diabética u otras complicaciones oculares.
Evaluación Neuropática y de Pie Diabético: Para identificar neuropatías periféricas y prevenir úlceras o infecciones en los pies.