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Una vez diagnosticada, es esencial un monitoreo regular para evaluar la efectividad del tratamiento y ajustar las intervenciones según sea necesario. Los análisis clínicos recurrentes incluyen:
Hemoglobina Glicosilada (A1C): Refleja el promedio de glucosa en sangre durante los últimos 2-3 meses, proporcionando una visión general del control glucémico a largo plazo.
Perfil Lipídico: Analiza los niveles de colesterol y triglicéridos, ya que las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Función Renal: Evalúa la capacidad de los riñones para filtrar desechos, regular líquidos y mantener el equilibrio de electrolitos en el organismo. En pacientes con Diabetes mellitus, permite detectar y monitorear daño renal temprano, como la Nefropatía diabética.
Examen de la Vista: Para detectar retinopatía diabética u otras complicaciones oculares.
Evaluación Neuropática y de Pie Diabético: Para identificar neuropatías periféricas y prevenir úlceras o infecciones en los pies.